Por la dignidad de la abogacía
Los abogados que suscribimos, colegiados del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona (ICAB), manifestamos nuestro más rotundo rechazo a la adhesión realizada por el Decano y de la Junta de Gobierno al manifiesto denominado “La dignidad de Catalunya”.
La adhesión a dicho manifiesto constituye una intolerable presión al Tribunal Constitucional en sus deliberaciones de la sentencia que debe resolver el recurso de inconstitucionalidad que pende sobre el Estatut de Cataluña de 2006. Resulta desde todo punto inadmisible que el Colegio de Abogados más importante de Cataluña y el segundo en importancia de España avale con la referida adhesión el ataque contra la independencia de este órgano constitucional. No podemos aceptar que nuestro Colegio, se preste a ser otro mensajero de la amenaza a la Justicia constitucional y, en definitiva, al garante de los derechos y las libertades de los ciudadanos.
Ningún grupo de ciudadanos, ni colectivo, ni siquiera que se diga mayoría, puede hacer llegar amenazas, veladas o explícitas, al Tribunal Constitucional, dirigidas a condicionar el ejercicio libre y en conciencia de su trascendental e insobornable función de juzgar sobre la constitucionalidad de las leyes, de cualquier Ley, sea cual sea el Poder constituido que la haya elaborado y las mayorías o minorías que las hayan respaldado.
Los abogados como profesionales de la Justicia no podemos permitir que se ponga en entredicho la labor del Tribunal Constitucional pues, haciendo esto, se cuestiona todo nuestro sistema institucional. Pues hoy es presionado o amenazado el Tribunal Constitucional y mañana puede serlo el Tribunal Supremo o cualquier otro tribunal o instancia judicial. El abogado como interviniente indispensable de la Administración de Justicia no puede presionar a otro agente de la misma, sea Juez, Fiscal, Secretario, funcionario o Procurador, ya que en otro caso tampoco podremos invocar nuestra independencia en términos de reciprocidad.
Y si alguna vez alguien incurre en este despropósito, como es el caso del llamado “Manifiesto por la dignidad de Catalunya”, lo que esperamos los abogados de Barcelona, lo que exigimos, es que nuestro Colegio, a través de sus órganos de gobierno que nos dirigen y representan, respalde a los órganos constitucionales y su independencia que, en definitiva, es ponerse del lado de los ciudadanos y de sus libertades, y acuda con todos los medios a su alcance a la defensa de la Norma Jurídica fundamental que las consagra, la Constitución, y por supuesto y en coherencia del Tribunal de Justicia que las defiende, el Tribunal Constitucional.
La única postura admisible de los órganos de gobierno de nuestro Colegio, si es que deciden intervenir en el debate público, es la de ayudar a la ciudadanía dando luz y claridad sobre el sentido de las Leyes con razonamientos y argumentos no, desde luego, aplaudiendo y menos adhiriéndose ciegamente a manifiestos manipuladores lanzados desde algunas instancias en su afán de zafarse del control constitucional de sus actos, no dudando en manipular los sentimientos de los ciudadanos hasta el punto de predisponerlos, con la utilización de un lenguaje emotivo, en contra del Tribunal que ha de juzgar si con sus decisiones han vulnerado o no la Ley de leyes, la norma fundamental que garantiza nuestra convivencia en paz y respeto y que preserva y protege las libertades de todos.
Por el contrario, los abogados catalanes que suscribimos este documento manifestamos nuestra plena confianza en la labor del Tribunal Constitucional, a pesar de las múltiples presiones que está recibiendo desde diferentes sectores; no pudiendo olvidar que, por su contrastada trayectoria y fecundo trabajo, ha sabido ser el máximo garante de los derechos y las libertades de los ciudadanos.
Resulta intolerable que el Decano y la Junta de Gobierno del Colegio se arroguen la representatividad de la totalidad de los abogados de Barcelona en la realización de manifestaciones de estricto contenido político, careciendo potestad estatutaria ni legitimidad de ningún tipo para ello. Ni el Decano ni la Junta fueron elegidos para realizar manifestaciones políticas, ni en su programa electoral siquiera se contenía la menor referencia al Estatuto y al recurso ante el Tribunal Constitucional. Si es voluntad del Decano y de la Junta de Gobierno intervenir en asuntos de la vida política deben dimitir de sus cargos y actuar a través de los partidos políticos, pero no utilizar una Corporación profesional para finalidades políticas ajenas a la profesión, ni utilizar ésta para espurios fines personales de proyección pública o política.
El Decano y la Junta de Gobierno han comprometido el prestigio y la independencia de la institución que representan. El Colegio aglutina un amplio colectivo formado por personas de diferentes ideologías pero que tenemos en común la defensa del Derecho, la Justicia y los órganos constitucionales que democráticamente nos hemos otorgado. El Decano y la Junta de Gobierno han malbaratado el saber hacer de Ilustres compañeros que les han precedido en dicha responsabilidad, incluso en épocas más comprometidas, quienes si supieron llevar a cabo su compromiso con sensatez, prudencia, firmeza y determinación.
Es por ello que exigimos una explicación por parte del Decano y de toda la Junta de Gobierno y, a su vista, decidir sobre el proceder colegial para con ellos, Y ello es así, habida cuenta que, de no rectificarse a nivel corporativo el dislate en que se ha incurrido, deberá articularse corporativamente el remedio que ponga en su lugar el Colegio al que pertenecemos.
Barcelona, 30 de noviembre de 2009.
Siguen 200 firmas de abogados barceloneses en ejercicio.
Comentarios:
¿Qué repercusión tendrá en sus vidas firmar públicamente?...tal vez ninguna. O todas. Tiempo al tiempo.
Del hilo anterior, con perdón:
Al parecer, sr. Julià, todo lo que no sea repartir responsabilidades por igual, amar por igual a unos y a otros, conceder igual peso y valor a unas u otras posiciones políticas, estar igualmente alejado de unos y otros extremos, es una manifestación de fanatismo. Pues bien, sea entonces. Soy un fanático. Mea culpa. Pero aquí no hay propósito de enmienda, que conste.
Sobre lo que se ha dicho de los soldados -y del PP y sus votantes, a quienes usted olvida-, basta con repasar las hemerotecas. No me haga perder el tiempo en semejante obviedad.
En cuanto a las opiniones políticas de muchos cooperantes, porque yo he dicho "muchos" y no "todos", no es necesario disponer de estadística alguna. Con conocer a unos cuantos, y yo conozco a unos cuantos, es más que suficiente. Usted lo sabe tan bien como yo, pero el argumento de que uno habla a humo de pajas si no dispone de cifras es, amén de socorrido, muy eficaz. Eso se lo reconozco. Pero haga usted la encuesta si le place y ya me contará.
Sobre mi ingenuidad, ha dicho usted ahora algo más atinado a mi modo de ver: que esos cooperantes se lo han buscado y que se las arreglen solitos. Si analiza la frase, suya, verá usted que decir eso no es lo mismo que decir que se lo merecen. En el segundo caso (se lo merecen) hay un juicio moral: son una clase de personas que, por serlo, merecen todo lo malo que les pase. En el primero no hay nada de eso. Sólo una simple constatación de que su errónea concepción de las cosas les ha llevado hasta allí y que son ellos, no los demás, quienes tienen que asumir la responsabilidad por lo que pueda pasarles.
Un tipo puede internarse en un glaciar islandés en pleno invierno, sin equipo y sin preparación, y lo más probable es que se pierda. No creo que nadie, tampoco don José,piense que se merece morir de frío. Pero es fácil que muchísima gente piense que ese tipo está como una cabra, que él solo se ha metido en tan grave situación y que no son las personas sensatas quienes han de apechugar con las previsibles consecuencias de su disparate. ¿No ve usted la diferencia?
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1) Retirar el permiso para ejercer la abogacía a decenas de miles de personajes que hoy acechan en cualquier sitio (clínicas y hospitales en particular) dispuestos a inventar pleitos. Obligarles a trabajar.
2) Eliminar las tertulias políticas de radio y televisión, como una forma ínfima y vergonzosa de entretenimiento, la peor modalidad de la telebasura. Los programas deportivos e incluso de corazón tienen más calidad, y sobre todo impiden avanzar a esta epidemia de personajillos ensoberbecidos y pagados de sí mismos.
Yo no he dicho que "todo lo que no sea [...] conceder igual peso y valor a unas u otras posiciones políticas, estar igualmente alejado de unos y otros extremos, es una manifestación de fanatismo", ni nada remotamente parecido. Lo que me parece una manifestación de fanatismo es dar o quitar valor a una vida humana en función de su posición política.
Si me permite aprovechar su símil del tipo en el glaciar islandés, imagínese que se ha perdido todo contacto con él y nadie sabe si sobrevivirá o no. ¿Cree que sería de recibo un artículo que incidiese en que está como una cabra y que él solo se ha metido en tan grave situación? ¿Cree tal vez que estaría totalmente injustificado que los familiares y amigos de ese hombre se sintiesen ligeramente ofendidos?
Y RM ¿Ha firmado? Abogado sí es y puede defender una cosa o la contraria con cierta facilidad.
Los lios y la discordia social que ha sembrado ZParo tendrán consecuencias imprevisibles. Ahora resulta que ha sembrado la división entre los abogados de Barcelona. Hasta los costaleros de la Cofradía de la Caridad acabarán pegándose por su culpa.
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Ningún "juicio moral" puede recaer sobre "una clase de personas" por serlo (ser personas de una determinada "clase"). Solo puede recaer un juicio moral sobre los actos. Otro caso es una confesión de prejuicios, fobias o intolerancia. Don Jaimito.
Me ha entendido usted perfectamente, don Esdras, así que no se me haga el listillo.
Sr. Julià:
No creo que pensar que la vida de un tirano vale menos que la de sus víctimas, por ejemplo, sea una cuestión de fanatismo. Ahora bien, puede usted pensar lo contrario, y todos tan contentos.
Sobre la oportunidad del artículo, le concedo sin problemas que en otro momento -tras la liberación de los secuestrados, por ejemplo- habría pasado más o menos inadvertido. Habría sido, si usted quiere, más oportuno. O ahora ha sido inoportuno, si lo prefiere así. Pero me concederá usted que esa no era la cuestión que abría el hilo. La cuestión era que, en la interpretación malévola del tal Vizcaíno, el artículo (escrito por un secuaz del anticristo Losantos) se congratulaba por lo que les pasaba a los cooperantes porque se lo merecían por "rojazos". Y usted mismo sacó también esa falsa conclusión, aunque, en su caso, no puedo obviamente aventurar los motivos que le llevaron a ella. Tal vez se debiese a una mala comprensión del texto, tal vez a un error lógico...
Y no se preocupe por no seguir el hilo. Aquí lo hacemos muy a menudo, y ese es, creo, uno de los principales encantos del local.
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Por cierto, y enlazando con un hilo anterior, en dicho medio hay una encuesta sobre el tema de los crucifijos: 47% a favor de retirarlos, 51% en contra y un 2% contesta pero no sabe.
El manifiesto de los 50 de momento se queda en 150.
ja,ja,Qué vileza usurpar las firmas de los compañeros de profesión!!!!
La redacción es infame.
¿A cual se refiere? A la de La Vanguardía, a la de El Periódico, ....
Especifique.
Por el contrario, los firmantes de este manifiesto dan una lección jurídica y de valentía. Si unimos este manifiesto al que el otro día sacaron varias asociaciones cívicas por “la Dignidad de España” podemos sentir cierta alegría porque aún queda en España quién sea capaz de defender la Ley y las Instituciones.
Alegría que se empaña si pienso en el número de colegiados que debe tener el Colegio de Abogados de Barcelona. O que se empaña cuando recuerdo las manifestaciones de otros supuestos juristas. En este sentido, recuerdo el artículo publicado en El País hace pocos días por un catedrático de Constitucional de la Universidad de Barcelona- no recuerdo el nombre- que había “olvidado” la esencia del constitucionalismo; no recordaba que la soberanía reside en el pueblo español, y hacía una equiparación entre lo que el llamaba el pueblo catalán y el español; no recordaba la jerarquía de las normas e igualaba el estatuto a la Constitución; y de paso olvidaba la falta que hace el Recurso previo de constitucionalidad eliminado por los socialistas. Poco antes Jorge de Esteban nos había iluminado con un formidable artículo sobre estas presiones al TC ¡Qué diferencia! Es penoso lo que el nacionalismo puede hacer en las mentes de algunos juristas; les ataca tanto las neuronas que se olvidan de la Ley.
"Por el contrario, los abogados catalanes que suscribimos este documento manifestamos nuestra plena confianza en la labor del Tribunal Constitucional, a pesar de las múltiples presiones que está recibiendo desde diferentes sectores; no pudiendo olvidar que, por su contrastada trayectoria y fecundo trabajo, ha sabido ser el máximo garante de los derechos y las libertades de los ciudadanos."
Bocinero.
“…Ja,ja. En el Avui aparece un manifiesto de 50 abogados quejandose de que ellos jamás firmaron el manifiesto ese de los 200 abogados peperos.
El manifiesto de los 50 de momento se queda en 150…”
Podría traer el enlace, en vez de poner el que ha puesto, porque en Avui.cat no encuentro nada. Y no acabo de entender si lo que quiere decir es que esos 50 están en contra de los 200, o hay 50 de los 200 que dicen que les han usurpado la firma. Más que nada para comprobarlo.
Lo de que los 200 son peperos, se puede comprobar rápidamente leyendo el manifiesto que ha colgado JGD, pues en ese texto lo repiten, no se…, ¿200 veces?
En cuanto a lo de que de 50 se quedan en 150 (????), umhhhh, veamos:
50 – X = 150 entonces X = -100
Debe ser que hay 100 abogados con número de colegiado negativo.
Sr. Julià:
En modo alguno pretendía sugerir que es usted un imbécil. Vayamos por partes.
En primer lugar, yo no he contrapuesto el valor de la vida de los cooperantes al valor de la vida de los soldados. He contrapuesto el valor de la vida de los soldados al de los "escudos humanos" que utilizó profusamente Saddam Hussein. E insisto en que la vida de un solo soldado me importa mucho más que la de medio centenar de esos necios. Qué le vamos a hacer... El fanatismo tiene estas cosas.
En segundo lugar, claro que me preocupa la vida de los cooperantes, aun cuando sus motivos fuesen innobles o errados, cosa que, en ese caso concreto, yo desconozco. Y me importan porque me son cercanos. Son compatriotas míos, caramba. Me gustaría que se hiciese todo lo posible para traerlos a casa sanos y salvos... pero dentro de un orden. ¿Por qué? Porque no creo que un gobierno deba, por ejemplo, hacer concesiones políticas o económicas a sus secuestradores. Aunque es fácil opinar así, me dirá usted, cuando no es tu primo o tu amigo quienes están ahí. Y yo se lo reconozco. Es inevitable que, cuando más se alejan las personas de nuestro círculo, menos nos importen. Seguro que a usted le importan esos cooperantes más de lo que puede importarle el soldado Shalit (perdón si está mal escrito). Así son las cosas. Y son así para todos, excepto para los santos, sean laicos o no lo sean. Aunque también es cierto que, por diversas razones, alguien lejano en apariencia, como el soldado Shalit, puede importarnos muchísimo. Mucho más que gentes aparentemente más cercanas.
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¿Lo ve usted? Al final todo es lo mismo. Y un tipo como yo termina siendo equiparado más o menos abiertamente a los islamistas o los proetarras. ¿Y por qué no, directamente, a los etarras? Eso suena demasiado fuerte, tal vez. ¿Y usted era quien criticaba el "mal gusto" de García Domínguez?
Vamos a ver, demagogo santurrón. Respóndame a una pregunta muy fácil, y no se vaya, como decía usted mismo, por los cerros de Úbeda. Si en un enfrentamiento muriesen un guardia civil y un etarra, ¿lamentaría usted por igual ambas muertes? ¿Lamentaría por igual la muerte de una mujer maltratada que la del maltratador que, después de asesinarla, se suicida? ¿Lamentaría usted por igual la muerte de una joven israelí en un autobús que la del individuo que hace estallar su cinturón-bomba? ¿Lamentaría usted por igual la muerte de un pescador español que la de un pirata somalí? ¿Lamentaría usted por igual la muerte de un traficante de drogas que la de un chavalín que muere por sobredosis a la puerta de un colegio?...
Pues eso. Usted mismo. Y, por si no se ha dado cuenta,
ahí hay varios casos en los que la ideología no tiene ningún papel. Se lo digo porque hasta el momento ha mostrado usted una asombrosa capacidad para dejar a un lado lo que no le interesa en las argumentaciones.
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LAICIDAD
GABRIEL ALBIAC
Lunes , 07-12-09
EL 12 de septiembre de 2008, en el parisino Palacio del Elíseo, Benedicto XVI evocaba el complejo nudo de las relaciones entre Estado e Iglesia en los inicios del siglo veintiuno.
Recuerdo aquí la literalidad de aquel discurso, en el cual el Papa desarrollaba una concepción de lo laico que le acababa de ser propuesta por el presidente francés: «Ha utilizado usted, señor Presidente, la bella expresión laicidad positiva para calificar esta comprensión más abierta.
En este momento histórico en el cual las culturas se entrecruzan cada vez más, estoy profundamente convencido de que una nueva reflexión sobre el verdadero sentido y la importancia de la laicidad se ha hecho necesaria. Es en efecto fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre lo político y lo religioso, con el fin de garantizar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos cuanto la responsabilidad del Estado hacia ellos, y, por otra parte, tomar una consciencia más clara de la función irremplazable de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que ella puede aportar, junto a otras instancias, en la creación de un consenso ético fundamental en la sociedad».
Benedicto XVI retomaba, con ello, la propuesta formulada por Sarkozy, en términos que partían de la separación Iglesia-Estado fijada por la ley francesa del año 1905, como clave mayor de la democracia. Había que poner luz, eso sí, sobre fatales malentendidos. Es lo que piensa estar abriendo el presidente francés, cuando llama «nuevamente a una laicidad positiva: una laicidad que reúna, que dialogue, y no una laicidad que excluya o denuncie». Y, al asentar ese común principio como por igual saludable para Iglesia y Estado, el Papa asentaba el fundamento doctrinal para algo de importancia excepcional en una Europa cuyos dos fundamentos históricos, cristianismo y racionalidad griega, han entrado, en los dos últimos decenios, en la más honda crisis de su historia.
Fuimos muchos los que -desde la distancia sosegada del no creyente- vimos en aquel encuentro conceptual -que cerraba un largo conflicto abierto por la ley francesa de 1905- la base para la común reflexión frente al embate de una religión de la innegociable irracionalidad autoritaria, como la que cada vez más amenaza extenderse sobre Europa.
No era una aislada anécdota; menos aún, un adorno retórico. Los lectores de ese teólogo excepcional que es Joseph Ratzinger conocen bien la fórmula que, en el año 1959, da origen a su innovadora hipótesis acerca de la inserción del cristianismo en el saber griego: el cristianismo es la Escritura más la razón griega. Si algo tiende un puente entre el aconfesional Estado moderno y el catolicismo, ese algo es el riguroso atenerse al carácter sagrado de la racionalidad. En septiembre de 2006 y en Ratisbona, la hipótesis teórica de cincuenta años antes tomaba el énfasis de una urgencia histórica: «La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios». Y, en ella, la certeza de que no hay más línea de continuidad del cristianismo que aquella que remite al mundo heleno, el cual incorpora la Escritura a través de la traducción al griego «de los Setenta».
No hay hoy más que un adversario religioso a la autonomía democrática de lo político: el Islam. Frente a una religión que deslegitima cualquier forma laica de Estado, católicos y no creyentes tienen un envite común: la laicidad; o sea, la democracia. Frente al rigor del planteamiento en aquel París de 2008, esta rebatiña española de ahora tiene el regusto acerbo de lo anacrónico.
Mercedes, envíele usted ese artículo a Zapatero, a ver si entiende algo. Si es que...
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De todas maneras, hoy ya no se recogerían los 4 millones de firmas contra el Estatut. El PP ha desactivado en la medida de sus fuerzas, cualquier amago de resistencia de la sociedad civil…una vez más.
En todo caso esa actitud miope y suicida del tontiastuto de Rajoy recalca el valor de esos 200 y otros como ellos. Yo ya no estoy en Bcn pero recuerdo con claridad episodios similares. Gente consciente que se agrupaba para protestar contra los abusos y que era abandonada al pie de los caballos por la retaguardia de la capital. Pique a quien pique hay que recordarlo. Ahora andan puteando a los comprometidos con los principios y no con sus trienios del PP del País Vasco. No están dejando uno.
El efecto letal del centrismo simpático de estos abrazafarolas de Mariano va a resultar una factura tan gravosa para las instituciones como la que nos dejará ZP. Cada uno proporcional a su capacidad de jodienda en función de los medios a su disposición.
Esto es lo que los distingue básicamente. Uno tiene el BOE y el otro no. Pero el segundo promete.
Y por ahí se coló todo.
Muchas gracias por traer aquí el artículo de Albiac.
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La verdad es que hoy me ha decepcionado un poco por dos motivos.
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No entiendo muy bien ese concepto de laicidad tolerante. Me parece un aditamento innecesario. Creo que se ha metido bajo la denominación de laicidad una pleyade de ideas que no tienen demasiado que ver con ese concepto.
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El segundo aspecto se refiere a la mención del entronque del cristianismo y la cultura griega. Siendo innegable, deja de lado la profunda antinomia que pervive en esa relación y que, a mi manera de ver, explica precisamente la necesidad y la aparición de la laicidad.
Coi de "nacionalismus", eh Garsia Domingues?
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