Destinado a matar mujeres
Por Phyllis Chesler he llegado a este artículo de Christopher Hitchens: Don´t mince words. The London car-bomb plot was designed to kill women.
Un propósito ése, el de matar mujeres, que no ha merecido mayor atención en la prensa -en la española ni palabra- y al que se hacía referencia al final de un reportaje del New York Times. Escribía Hitchens:
Only at the tail end of the coverage was it admitted that a car bomb might have been parked outside a club in Piccadilly because it was "ladies night" and that this explosion might have been designed to lure people into to the street, the better to be burned and shredded by the succeeding explosion from the second car-borne cargo of gasoline and nails. Since we have known since 2004 that a near-identical attack on a club called the Ministry of Sound was proposed in just these terms, on the grounds that dead "slags" or "sluts" would be regretted by nobody, a certain amount of trouble might have been saved by assuming the obvious. The murderers did not just want body parts in general but female body parts in particular.
Los islamistas -entre ellos, unos médicos- que intentaron atentar en Londres y en Glasgow a finales de junio, querían asesinar especialmente a mujeres con esos coches bombas que situaron junto al club Tiger Tiger; asesinar a mujeres que esa noche irían al club -era ladies' night- porque no se comportaban, de hecho ya no se comportaban al acudir a esa discoteca, como el integrismo islámico exige a las mujeres que se comporten, ofreciéndoles para ello un poderoso aliciente: en caso contrario, las penaliza con el castigo y con la muerte.
Ese dato, como otros, no impedirá que las amigas occidentales de los islamistas exculpen la represión contra las mujeres en los países musulmanes y aquí mismo, cuando se conozca. Ni evitará tampoco que más reporteras intrépidas se cubran con el velo para entrevistar a criminales que llegan a la presidencia de un país, y acepten como si fuera ley que se les diga que allí, en Irán, las mujeres tienen más derechos que los hombres.
Comentarios:
Un abrazo
O si se quiere una interpretación más serena, podemos decir que Occidente ha proporcionado la sociedad más benigna para las mujeres (el péndulo ya ha oscilado fortísimamente hacia el otro lado).
Pero la vocación de los progres de todos los sexos y géneros es patalear contra los mismos fundamentos de la sociedad que, al fin y al cabo, ha demostrado su éxito. No es nuevo ("la rebelión de las masas"), pero hoy en día para ser alguien "respetable" públicamente hay que practicar la agresión ritual contra el modelo demoliberal y la economía de mercado. En nombre de lo que sea.
Hablando ya sin ironía, cualquiera que sepa sólo un poquitín de la cultura islámica sabe que ese ser que lleva un trapo en la cabeza, sea un simple pañuelo que le tape el cabello, sea el velo de cuerpo entero, no es un sujeto de plenos derechos sino una propiedad. No se trata de un inocente rasgo folclórico ni una mera manifestación de religiosidad islámica, como si una cristiana llevara al cuello la imagen de la Virgen del Rocío. Eso es así y lo demás es mirar para otro lado. Sería, por cierto, un buen objeto de estudio para la psicología social la fascinación que en la izquierda ejerce el islam, mayor cuanto más extrema. En Sevilla, me contaron unos amigos arabistas que se desternillaban, hace unos años, no sé a santo de qué agresión occidental al mundo islámico, un grupo de comunistas se manifestaba indignado al grito de "Allahu akbar"… Ver para creer: ¡con los comunistas que mataron los ayatolás! Ver para creer: los adeptos del materialismo dialéctico gritando que Dios es el más grande.
Concluyo con algo también chocante. ¿Recuerda Vd. la película "Alien, el octavo pasajero"? Puede parecer un tanto peregrino, pero cuando pienso en la contradictoria fascinación de la izquierda por el islamismo, siempre me viene a la memoria el diálogo de Riley (creo que así se llamaba el personaje que interpretaba Sigourney Weaver) con la cabeza del humanizado robot cómplice del monstruo. “Tú lo admiras, ¿verdad?”, dice ella. Y el robot responde: “Admiro su pureza”. Pues eso, pureza en la voluntad de dominio y sometimiento y violencia y nula capacidad de remordimiento.
Un saludo, doña Cristina, y ánimo. Señal de virtud, dijo alguien, es desagradar a los malos: también a los necios.
Y eso vale para "la sub-humanidad de los judios", "vender salchicas", o convencernos de que la charada del insolado analfabeto del desierto es una "Religión de Paz". No se preocupen, recurriendo al refranero :"Ladran, luego cabalgamos".
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