Café, copa y puro
1.- "He pasado noches sin dormir", anuncia el titular de la entrevista a Zapatero en El País. ¿Qué quieren que diga? ¿Pobre presidente? ¿Hay que ver cuánto sufre por nosotros? Que se lo diga a Sonsoles: no te puedes imaginar cuántos españoles pasan las noches desvelados. Ayer mismo la pasé yo sin dormir por culpa de la muy española costumbre de hablar a gritos. Se necesita una ley que prohíba hablar a gritos. Pero antes de compadecer al presidente léanse sus propias palabras: "He pasado alguna noche sin dormir". ¡Alguna! Tan pocas son que hasta las recuerda: "La noche del 9 al 10 de mayo la pasé en blanco". Menos café y más gimnasia, mister President.
2.- En cambio, compadecí a Zapatero durante su Tribuna en Barcelona. Había que ver el espectáculo. Señores de provecta edad hablando a calzón quitado, sin pudor alguno, de sentimientos heridos. Qué colección de farsantes. El presidente, aunque inclinado a echar con ellos lágrimas de cocodrilo, parecía a su lado un ser racional y pensante. Nadie dijo: oiga, tal artículo del Estatut que ha sido invalidado por el TC es absolutamente vital para que funcione esta comunidad autónoma. Un approach de esa clase sería racional, discutible, transable. Mas allí no: allí había unos adultos dedicados a la exhibición de corazones maltrechos. ¡El corazón de Cataluña! No en vano, Josep Pla: "pornografía política catalana".
3. No hay modo de que los barman y barwoman, sirvan un café cortado o con leche a la antigua y noble usanza, esto es, de manera que el café viene solito en la taza y el camarero sirve la leche ante el cliente. Ahora, el café viene con la leche puesta desde la barra. La comodidad se impone a las buenas formas. Si la hostelería, uno de los pocos sectores en los que España sobresale, decae, ¿qué será de nosotros?









