Un tope donde menos lo esperaban
Lo que no ha trascendido del pleno parlamentario que prohibió los toros es el cachondeo que se traían los convergentes, con alguna excepción. Cada semana que pasa, los independentistas se empeñan en fracturarse más, mientras invocan la unidad. Son ya un mosaico, un collage, un caleidoscopio. El resto es ruido, calor, insignificantes pugnas contables y, como solo alivio, ecos de Verdaguer.
Un tope donde menos lo esperaban
Domingo
Tanto sol y tanta tienda cerrada son asfixiantes. No podremos empezar a hablar en serio de libertades hasta que no acabemos con la dictadura de los horarios comerciales. Abren cuatro comercios en el Maremágnum y tres en el Barrio Gótico. ¿Por qué no puede hacer cada cual de su capa un sayo? Yo quiero comprar y usted quiere vender, o viceversa: ¿Quién demonios es Montilla, quién diantres era Pujol y quién diablos será Mas para impedirnos el intercambio a cualquier hora, en cualquier día? La pregunta es retórica, sé bien quiénes son: representantes del inmovilismo, preservadores de una rémora, siervos disfrazados de amos. Regreso a casa, al frescor y a "Les cançons tel.lúriques", exquisito disco de Roger Mas que ha resucitado al místico Verdaguer. Gracias, Sostres, por recomendarme este bálsamo.
Lunes
Se enciende y arde en las varias tertulias el debate de los toros, que van a ser erradicados de Cataluña si pasado mañana se imponen los abolicionistas. No soy taurino, y creo que este imperdonable defecto me habilita paradójicamente para hacerme entender cuando advierto contra el inminente error. Los taurinos están demasiado consternados para comunicarse, están paralizados. Y no me refiero al silencio catatónico del único empresario del lugar, que respondería a causas más prosaicas. Hablo con un par de convergentes, uno de ellos el alcalde de Sant Cugat, que no ven clara la prohibición. ¿Habrá sorpresas? Mientras nosotros toreamos, la nueva Solidaritat Catalana alienta, so capa de unitarismo, una implacable fragmentación del espacio independentista. O sea, que el separatismo se está separando. De sí mismo.
Martes
Todo está tan enrarecido que unas facturillas en catalán devueltas por militares de Zaragoza se tornan arma arrojadiza e incomodan a la distante Chacón. Recapaciten, señores. Para ustedes España es un país extranjero. Bien. ¿Enviarían a un cliente alemán, sueco o nigeriano una factura en catalán? ¿Conocen el dicho "Qui paga, mana"? Con todo, el Ejército ha rectificado ante las protestas de ERC. Faltaría más. Tiene algunas ventajas que se me hayan borrado de repente todos los canales de televisión. Sólo echo en falta el rosco de Pasapalabra, que había convertido en rutina. Dicen que es el apagón analógico, accidente ciertamente insólito en un aparato digital. Hay gran polémica con las cuentas del Barça. Entiendo que todo se debe a nimias cuestiones de devengos, pero mi interés por la actualidad generalista tiene un tope.
Miércoles
La demolición simbólica de España también tiene un tope, como pronto comprobarán los ultimadores de la fiesta. Al final no hubo sorpresas. Paso la mañana en el Parlament. Omitiré lo que recojo en la crónica de mañana e intentaré atrapar aquí algo más inefable, una rara sensación de frivolidad, de inconsciencia y jugueteo, esas risitas de los diputados abolicionistas contrastan con la cara de circunstancias de sus favorecidos, los animalistas, que ocupan pasillos y salas habilitadas al efecto. Gravedad que muta en llantinas de histérica alegría tan pronto como aparecen los resultados en el panel. Comento la jugada con diputados de todos los colores, salvo del PSC; están en falso y uno es muy respetuoso con las vergüenzas ajenas. Ellos no participan de la frivolidad ambiente, una emanación básicamente convergente.
Jueves
Tras algunas discrepancias de fondo con Jordi Barbeta en el programa radiofónico que compartimos, y sin que yo haya aludido en ningún momento a mis impresiones de ayer, el periodista de La Vanguardia se despide con una frase que las confirma plenamente: “En veinticinco años, jamás había asistido a un pleno tan divertido.” En efecto, ahí está el meollo de la cuestión, más allá de subterfugios animalistas y razones identitarias: los convergentes, principales responsables de un liberticidio y un atentado cultural, se lo han pasado en grande. Con la muy respetable excepción de varios discrepantes, los únicos en comprender que sus compañeros estaban traspasando una línea mucho más sensible que la de la inmersión lingüística, como pronto quedará demostrado. Ya sé, parece absurdo que el tope sean los toros y no el resto de la ingeniería social nacionalista, pero es lo que hay.
Viernes
Un juzgado de Gava decide que las víctimas de la verbena fueron temerarias, y aquí paz y después gloria. Un botón más de muestra para ilustrar las diferencias de este lugar con un país serio. En Alemania, los insensatos organizadores de un mortal festival tendrán que rendir cuentas. Acabo. Según el CEO, el PSC perdería la mitad de su voto si ahora se celebraran elecciones generales. Sólo que las generales se celebrarán dentro de dos años, y al PSC nunca le ha fallado su estrategia única en tal convocatoria: ¡Uh! ¡Que viene el lobo! Tendrán que echarle, de todos modos, mucha imaginación, y allí no todos valen lo que José Zaragoza para estas cosas. Más interés tienen las encuestas secretas de CiU de cara a las catalanas, con un PP disparado. Cosas de las que se entera uno.
(Ni un día sin línea, El Mundo de Catalunya, sábado 31 de julio de 2010)
Tres engaños tres
Soñé que seis astados irrumpían en el hemiciclo, con toda esa tapicería roja, y en vez de embestir se alineaban ante la tribuna de oradores para conocer los motivos de la prohibición. Personificación onírica del toro no muy distinta de la que iba a encontrarme por la mañana en el pleno, las consabidas jeremiadas animalistas que constituyen el primer engaño de esta historia. Frente al Parlamento catalán, cuatro pancartas y veinte activistas separados por la policía. Un diputado convergente canturrea en la cafetería el viejo tema de Albert Pla: “Papa, jo vull ser torero…” Muy divertido, si no fuera porque están a punto de extirpar una cultura de profunda impronta en el léxico y el inconsciente, en la plástica y la lírica.
Albert Rivera, apellido torero, denuncia la coartada animalista y comunica en castellano que votará para que Montilla pueda ir a la plaza. Exhibe una fotografía de El Mundo que acredita la afición presidencial. Y remata: “Espero no ver a los diputados abolicionistas comiendo foie. A algunos, por el aspecto que tienen, les gusta bastante el foie”. Amonestación del presidente. “Ustedes quieren eliminar todo lo que recuerde que Cataluña forma parte de España”. Apunta al segundo engaño de los nacionalistas, la pretensión de que no les mueve el celo identitario. Le sucede Rafa Luna, del PP: “El problema es que esta tradición la compartimos con el resto de España”.
¡Atención! El representante de CiU ha hallado una forma retorcida de vender el segundo engaño: prohibir los toros es también una gran tradición española. “Lo hizo Carlos III en 1786”. Cita a Lorca y reconoce la grandeza de la tradición taurina… hasta que su lógica se derrumba: “Se han de prohibir pocas cosas. Sólo las más denigrantes.”
Cuesta reprimir la carcajada cuando el líder de ERC Joan Puigcercós cifra “la cabaña bovina en el Estado español”. “El mundo nos está mirando”, exclama. Pero el abolicionista más inspirado será Francesc Pané, de ICV, que coge, sube y se pone a recitar una nana del poeta Joan Oliver. De ahí, con voz de funeral, pasa a reprochar al torero catalán Serafín Marín, presente en la tribuna, su impasibilidad ante la sangre del toro. Advierte que esa sangre está en el botón rojo de los que van a votar contra la prohibición.
Y se vota. Resumiendo: CiU se ha cargado la fiesta. Me chiva un diputado popular en los pasillos lo que el conseller Huguet le acaba de soltar a Carod a modo de conclusión: “Som una nació”. ¡Suerte que el debate no era identitario! Serafín Marín, el hombre más valiente del lugar, ha roto a llorar. Entonces pienso en los jóvenes aspirantes a torero que se entrenan en un parque del extrarradio barcelonés, en la luz anaranjada que los acoge, que no es de luna lorquiana sino de farolas antiniebla. Un mundo que se acaba, pues hay un tercer engaño del que no se ha hablado: los poderes públicos ya estaban cerca de lograr su objetivo, y la comparecencia parlamentaria del empresario de la Monumental fue una vergüenza. “Se está sacando de encima, por 300 millones, una plaza que este año celebrará la mitad de corridas que en 2000”.
Cae un sol de justicia. Acorto por el Paso del Instituto Escuela, esquivo una docena de camiones de televisión y me topo con Xavier Crespo, uno de los pocos diputados convergentes que ha votado contra la prohibición. “Mi padre era aficionado. Recuerdo las vaquillas en casa, de niño.” Comprende la magnitud de lo sucedido y no ha querido ser cómplice. Quizá esta noche, guiados por los espectros de Vázquez Montalbán y Terenci Moix, avergonzados dirigentes socialistas acudan al Raval y, entre carteles taurinos, se coman un rabo estofado en Casa Leopoldo.
(El Mundo, 29 de julio de 2010)
Así acaba la ley del silencio
Donde dijo digo, el PSC dice Diego
Discutir sobre los asistentes a una manifestación sólo conduce a la melancolía. ¿Por qué no dicen los unos, sin más, “éramos muchos” y los otros, sin menos, “eran muchos”? Como preví aquí, un día Barcelona es estelada y al siguiente rojigualda. Los supuestos “unitarios” son incapaces de emitir declaraciones conjuntas y Montilla se niega a suscribir sus propias palabras. Coherencia, se llama.
Donde dijo digo, el PSC dice Diego
Domingo
Se encharca el personal en estéril discusión sobre la mani de ayer. Siendo tan jugoso lo cualitativo, ¿a qué la fijación cuantitativa? Por turbias razones, Montilla ha alentado una exhibición de fuerza del universo de Òmnium. No sé si alcanzará a comprender algún día que, con su impulso institucional, ha servido un tanto magnífico y un poderoso efecto multiplicador al vario independentismo, sector que ya viene articulado, motivado y movilizado sin estas ayuditas. La final del Mundial de fútbol y el triunfo español desatan en Cataluña otra exhibición de fuerza, esta vez espontánea, con la bandera española por delante. En corto: son muchos. Llenan las calles a pesar de la cicatería institucional, de la pantallita arrancada a última hora, de la desmesurada carga policial. Aquí no hay articulación, ni subvención ni movilización. Sólo desprecio institucional y mediático.
Lunes
Dejo constancia en la radio pública catalana de lo que vieron mis ojos anoche. Vuelve el supuesto argumento defensivo de que “en realidad ha ganado el Barça”. Como si eso fuera a disgustar a quienes no comulgamos con la rueda de molino de la dicotomía Cataluña-España. Montilla llama fascistas a los que convirtieron el sábado en calvario su marcha de líder doliente, su paseo, que no fue de gracia precisamente. Muchos de los presentes confirman los continuos insultos, por no hablar de la huida final. A Montilla hay que traducirlo: “fascistas” significa que eran pocos y que sus ofensas constituyen excepción. Ignora cómo se refieren a él en privado no pocos notables convergentes, cómo lo califican los votantes y ex votantes de su socio principal. El desprecio es tal que hasta a mí me duele, pues sus falsos amigos critican lo que es, no lo que hace.
Martes
CiU y ERC se han cansado de que Alfons López Tena y Uriel Bertran les hagan de liebres en la carrera hacia la secesión; la Mesa del Parlament les ha frenado en seco, unánimemente, su IP y su ILP por el referéndum. Me entero de la cosa en un plató, debatiendo sobre la normalización de los símbolos españoles a raíz del éxito futbolístico. El desconcierto de varios jóvenes independentistas me despierta una cierta ternura, y casi me siento cruel cuando bromeo (a medias): Señores, llevo años discutiendo con representantes de sus partidos. Pensaba que discutían de buena fe, que realmente creían en lo que decían. ¡Hace cuatro días se manifestaron por el “derecho a decidir”, es decir, por la autodeterminación! Ahora veo que en realidad no la desean. Qué vergüenza.
Miércoles
Corre la voz de que la Generalitat está más tiesa que la mojama y que en verano sólo podrá pagar las nóminas. Un buen momento para recordar las alegres subvenciones del tripartito, los siete millones de Òmnium (de euros, no de manifestantes), los cientos de millones en informes externos prescindibles, pero muy útiles de cara a la clientelización de ese magma que, sin ironía, llaman sociedad civil. Y las embajaditas, y los fondos de cooperación. Si quieren cooperar, háganlo con nosotros y conténganse un poco. Obligado a salir a la calle, el sofoco me arrastra de cafetería en cafetería en busca de refrigeración. Constato la pervivencia en el Ensanche de bares hórridos y tórridos donde cuatro clientes se maceran en sudor y humo de plancha. El pasado siempre se resiste a desaparecer.
Jueves
Artur Mas está jugando su partida de ajedrez preelectoral con maestría. He ahí la frustrada declaración “unitaria”. Entiendan por unitaria tetrapartita. El jefe de CiU propuso a los socialistas catalanes una declaración compuesta a base de expresiones textuales de Montilla; el PSC no está dispuesto a suscribirla. Es maravilloso. Después, don Artur se ha retirado de la reunión a cuatro bandas y se ha mostrado dispuesto a firmar la declaración que produzca el tripartito gobernante, sea cual fuere. Sabe que no hay declaración posible que lleve a la vez la firma de PSC y ERC. La clave, en el debate de ayer en el Congreso y en el acto de autoridad de Zapatero: “Espero que Montilla me haya escuchado. He hablado con claridad.” Habrá, por tanto, declaración conjunta: la del PSOE y el PSC.
Viernes
Empieza así: “El Congreso de los Diputados, desde el acatamiento de la sentencia del Tribunal Constitucional…” Luego se habla del malestar de Cataluña y otros conceptos jurídicos de peso. Acatamiento, Montilla. Y acallamiento. Presentan el acuerdo José Antonio Alonso, por el PSOE y Daniel Fernández, por el PSC. Fernández es coautor de la obra "A favor de España y del catalanismo". Podía haber sido "A favor de España y de Cataluña", pero incurriría en la falsa dicotomía. Podría haber sido "A favor del españolismo y del catalanismo", pero enfrentaría difícil argumentación. "A favor de España y del catalanismo" es título autosuficiente. En puridad no requiere libro. Propugna la prolongación de esa tensión que frustra a los crédulos, aburre a los instruidos, asegura en generales las mayorías y provoca el escozor en las autonómicas. Ah, mi viejo PSC.
(Ni un día sin línea, El Mundo de Catalunya, sábado 17 de julio de 2010)
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